Hoy leia a mi autor favorito que es Xavier Velazco y me dieron ganas de escribir aqui mientras escucho esa noche de Cafe Tacuba, siempre me ha gustado hacerlo y es muy diferente a que lo haga seguido, pero realmente tengo que andar muy inspirado para poner todo lo que se me viene a la cabeza, pero hoy solo posteare nada mas y nada menos que un cuento de este autor que me gusta mucho como escribe.

Quisiera postear mas pero a veces el trabajo, la desidia y muchas barreras no lo permiten, pero tal cual dice el titulo de este blog lo hare y no hablare de hacerlo.

Estoy en un momento de mi vida que aprendo de alguien que nunca crei aprender y mucho menos en tan poco tiempo, simplemente me enseño sin querer hacerlo y yo aprendi sin pensar que lo haria, como siempre lo he hecho, di todo sin pensar en que las facturas siempre me han salido caras, esta vez no fue asi, pero si recibi una pequeña factura y una gran ganancia, aunque tambien falta mi tiempo de cobrar y no hablo de venganza, nunca he sido asi, creo en que lo que das recibes aunque no veo claro, la verdad.

Este post esta dedicado a aquella persona que me hara pagar y quedarle en deuda infinita, se que no ha llegado, han venido falsas musas a prometer la deuda infinita, pero a la hora de la hora me desilusionan y eso que tengo mucha paciencia y resisto mucho el dolor y la pena. Es por eso que esa persona que a partir de hoy ando en busca de…

La Venus de los cheques

La conoci en alguna mañana melancolica, y asi aprendi que las tristezas matutinas son tambien sobornables. Se que otro en mi lugar habria dado media vuelta no bien hubiera oido lo que yo escuche, pero aquella propuesta sonaba tan torcida que la curiosidad pudo mas que el horror.
No quedaba una sola promesa en sus pupilas solamente amenazas. Una de esas miradas de las que no se sale facil, como si dentro de ella se hallara algun botin largamente anhelado, de modo que dejar de mirar a esos ojos era temer en riesgo el porvenir entero. Bastaba con entrar apenas en materia para que los cuchillos humedos de sus pupilas contrabandearan luz y traficaran quimera por las otrora hermeticas aduanas del alma. Entremos pues alli, en materia quimerica.
Nada en esa mujer era gratuito. Y no quiero decir que hubiera en cada gesto una razon, aunque si un precio. Numeros frios, cerrados, brutalmente sinceros. Si queria invitarle un cafe, tenia que pagarle cine pesos. Aunque, claro, el cafe correria por su cuenta. Si queria saber su nombre serian cien mas. Y a cambio de su numero de telefono habia que desembolsar trescientos. Tendria derecho, ademas , a un pastel, una dona y diez minutos de conversacion telefonica.
Como digo, muchos en mi lugar se habrian alejado de inmediato. Pero quise quedarme, y asi escuche la oferta en todo su esplendor: por tratarse de mi, me lo dejaba todo en doscientos cincuenta . Dona, cafe, pastel, llamada, nombre. ¿Y si le daba mil, que obtenia a cambio? No quise preguntarlo. Por mas que aquella extraña honestidad tarifaria me remitiera a esas mujeres que desde tiempo inmemorial prestan servicios similares, aunque intensivos, en sus ojos habia un mensaje distinto. Y eso lo comprobe cuando, ya aguijoneado por la curiosidad, decidi darle los doscientos cincuenta.
Hablamos durante exactamente seiscientos segundos, mas que buenos para que no quedara lugar a dudas: Ella era una mujer como todas. Tenia amigos, iba a fiestas, vivia con su familia. Solo que a diferencia de tantas hijas de familia convencionales, detestaba el estira y afloja de las parejas ordinarias. Era, en cierto sentido, una anticuada. Incapaz de besar a nadie en la primera cita, tenia un concepto muy estricto del ritual de cortejo y noviazgo. Tanto que se regia por tarifas precisa y cuidadosamente escalonadas.
Si me daba por invitarla al cine, la cuota era de quinientos pesos, con derecho a sala VIP, un buen chocolate, un refresco mediano, estacionamiento, diez litros de gasolina y una amena conversacion de quince minutos al termino de la pelicula. Y si despues de esa salida me interesaba aun volver a verla, por un pago adelantado de mil pesos se dejaria invitar a comer. Y a la tercera cita podiamos cenar por la misma tarifa, primer beso incluido.

¿Que clase de inmoralidad era esa? ¿Me estaba hablando en serio? Si, absolutamente. Sus ojos me seguian con lo que un vanidoso habria llamado sincero interes, si bien temi que fuese interes compuesto. Pero ¿Que preferia?¿Echar a la basura los doscientos cincuenta pesos que ya habia invertido, y de los que no pude recuerar mas que un cafe, un pastel y una dona, o seguir invirtiendo, como lo haria con cualquier otra? Claro que cualquier otra no me habria cobrado por adelantado, pero si lo veia con calma venia siendo igual, y hasta mejor. La unica diferencia estaba en que al momento de salir con ella yo dejaria de pensar en el dinero para concentrarme en lo importante, que por supuesto eramos nosotros. Ademas, sus sistema era un antidoto contra el machismo: a cualquier lugar que fueramos, seria solo ella quien sacara la cartera. Yo, que ya habia pagado por el paquete, me entregaria por entero a gozar de su dulce compañia. Un genuino all-inclusive, sin ilusiones vanas ni decepciones faciles.

Sus argumentos eran casi impecables. Y digo casi porque, ya haciendo calculos, note que sus tarifas habian sido infladas en un cien por ciento. ¿Era justo que exprimiera de esa forma tan cinica a quien solo se interesaba en conocerla, y eventualmente hacerla sonreir? (Debo decir que las sonrisas las prodigaba sin cargo alguno, como quien promueve sus productos repartiendo muestras gratuitas)Emn cuanto a las tarifas, estas tenian una razon de ser: mientras otras mujeres se prodigan en cumplidos no siempre verosimiles, la tarifa elevada tenia la ventaja de garantizar la satisfaccion de mi pareja. ¿O no es cierto que un verdadero enamorado pagaria con gusto el doble o hasta el triple de cada cantidad con tal de estar seguro de que hizo un buen papel? ¿Como se hace para, bajo estas condiciones, convertirse en un verdadero enamorado? Es cuestion de costumbre. Al principio, sus metodos me hacian avergonzarme de mi mismo. Eso de ir a depositar el dinero en su cuenta, luego enviarle la ficha de deposito por fax, para dos dias despues poder salir con ella, era aun mas incomodo que mirarla pagar todas las cuentas, y soportar que en cada uno de los lugares a los que ibamos me miraran como a un cafiche de ocasion. Comence a acostumbramre por ahi de la cuarta cita, tanto que en poco tiempo me resulto natural, y de hecho muy comodo. Sobre todo desde que nos hicimos novios, gracias a un auspicioso plan de financiamiento que mi chica diseño especialmente para nosotros.
Un noviazgo no es para tomarse a la ligera. Se corre el riesgo de sufrir decepciones, perder el tiempo, hacer un mal negocio. Y eso de entrada incrementaba los costos. El dia que le declare mi amor, solo dijo: “No se, voy a pensarlo”, y echo mano de la calculadora. Poco rato despues me expuso en un papel la situacion: Si nos haciamos novios, las tarifas por salida subirian al doble. Pero en vista de que ella no deseaba terminar una relacion tan bonita, podia darme un credito del cincuenta por ciento. Es decir que si yo le firmaba un pagare por la mitad de la nueva tarifa, bastaba con que depositara la otra mitad en su cuenta y listo: Saliamos como novios. El contrato, ademas, incluia una clausula de exclusividad: seguro contra cuernos completamente gratis. ¿Quien mas daba esas facilidades?
No he olvidado la tarde en que llegue a verla con la fianza en la mano. La reviso con calma, certifico el respaldo para los proximos treintayseis cheques y me ordeno muy quedo, con los parpados entornados de pasion, que la besara ya, sin cargo extra. ¿Como no despeñarse por un amor asi, cuando con cada pago se tiene la certeza de una correspondencia en numeros negros? Cierta vez, cuando la nube de una duda inoportuna empaño brevemente nuestro idilio, me atrevi a preguntarle cuanto me queria. Como en nuestros momentos electrizantes, mi novia procedio a sacar la calculadora y recitarme alguna suma astronomica: Exactamente lo que yo estaba debiendole, mas los correspondientes intereses moratorios. ¿Todo eso me queria, de verdad? Una semana despues, nos casamos.
Hoy las mañanas tristes me salen muy caras. Mi esposa me hace un cargo sin derecho a credito por cada mala cara que pongo. En cambio, las sonrisas me valen un descuento especial en sus servicios. Ademas he renegociado mi deuda. Hoy debo mucho mas, y claro: ella tambien me quiere mucho mas. Cada dia primero de mes, cuando los intereses se capitalizan, su mirada se funde con la mia en una comunion tan absoluta que me viene el impulso animal de echarle encima todo un fajo de billetes y acabarmelo entero, de caricia en caricia. A falta de billetes, le firmo un nuevo cheque posfechado que me da acceso a largos raptos de pasion, en los cuales ella estimula mis hormonas hablandome al oido de reditos y multas en exceso. Se le corta el aliento, se le enturbia la visa, le tiembran las rodillas cada vez que menciona todo lo que le debo, con las quijadas tiesas y los dientes vibrando del rechinido al relincho. Por mi parte, la vuelvo loca desglosandole una por una las lujuriantes cantidades que nos unen. Y ella entonces me corresponde con descuentos crecientes y lascivos, hasta que nuestros numeros se borran en una mar picada de pasiones jugosas, indomitas y, ay, incalculables.
A veces, cuando nuestros amigos hablan sobre los nobles sentimientos que los unen a sus queridas parejas, les digo que el amor es una deuda que crece cada dia, pero nunca se acaba de pagar. Oigo entonces a sus esposas suspirar honda, ensoñadoramente, como hace todo el mundo cuando mira pasar a una quimera.
Y tan .. tan.

Esta historia se acabo como tantas y tantas que pasan en la vida.

Como me gusta el cuento, es por eso que yo quiero estar en deuda con esa persona especial.